Ubicar mal una cámara puede dejar puntos ciegos y reducir su efectividad. Conocé los errores comunes y las ubicaciones clave para proteger tu casa sin errores.
Instalar cámaras de seguridad es una decisión inteligente, pero no alcanza con comprar buenos equipos. La ubicación es tan importante como la tecnología. Una cámara mal posicionada puede no captar los hechos importantes o dejar sectores expuestos sin que lo sepas. Por eso, antes de colocar cualquier dispositivo, es clave entender qué zonas cubrir y con qué tipo de lente.
Uno de los errores más frecuentes es colocar cámaras muy altas, creyendo que así se “ve más”. Pero el ángulo demasiado abierto suele generar imágenes poco útiles para identificar rostros o movimientos concretos. Por otro lado, si están muy bajas, pueden ser fácilmente manipuladas o vandalizadas. Lo recomendable es ubicarlas a una altura media, entre 2,5 y 3 metros, con un ángulo de visión controlado.
Tampoco conviene ubicarlas frente a fuentes de luz directa, como faroles o ventanales. Esto provoca reflejos o saturación de la imagen, especialmente de noche. Si la cámara capta luz de frente, la imagen pierde detalle y se dificulta la identificación. En cambio, si se ubican de forma lateral o con iluminación controlada, se obtiene mayor nitidez.
Las entradas principales siempre deben estar cubiertas. No solo la puerta de ingreso, sino también otras vías como el garaje o los laterales de la casa. Incluso en edificios, cámaras que apunten a pasillos o zonas comunes (siempre respetando la privacidad ajena) pueden prevenir incidentes y aportar claridad ante cualquier conflicto.
Zonas estratégicas que no podés descuidar
Además de accesos, es importante considerar cámaras que vigilen patios, jardines o espacios donde pueda haber movimiento externo. Si tu propiedad tiene rejas o portones, una cámara orientada hacia la calle puede anticipar situaciones, como personas merodeando o vehículos sospechosos.
El interior también merece atención. Muchas personas colocan cámaras solo afuera, pero un punto clave es cubrir el interior del hogar, especialmente accesos secundarios o pasillos centrales. De ese modo, si alguien logra ingresar, hay un segundo nivel de registro visual que aporta información crucial.
Otra recomendación es evitar superposiciones de cámaras que graban la misma zona desde distintos ángulos. Esto no solo es innecesario, sino que puede sobrecargar el sistema y restar espacio útil de grabación. Lo más eficiente es que cada cámara cumpla una función específica y que entre todas formen una cobertura integral, sin puntos ciegos.
Por último, es importante usar cámaras con visión nocturna en zonas exteriores. No todas las cámaras ofrecen buen rendimiento en baja luz. Asegurate de que tengan infrarrojo o tecnología adecuada para registrar imágenes claras en la oscuridad. Recordá que muchos robos ocurren de noche y una mala imagen no sirve como prueba.
Ubicación estratégica = sistema realmente útil
Un buen sistema de videovigilancia no se mide solo por la cantidad de cámaras, sino por cómo están ubicadas. Con pocos dispositivos, bien pensados, podés lograr una cobertura completa y efectiva. Si no sabés por dónde empezar, lo ideal es pedir una evaluación profesional antes de instalar por tu cuenta.
Un instalador capacitado evalúa iluminación, ángulos, distancias, interferencias y hasta el tipo de pared para asegurar que la cámara se sostenga firme y grabe correctamente. También puede sugerir si conviene usar cámaras fijas o con movimiento, o si es necesario combinar con sensores o alarmas para reforzar la seguridad.
Evitar errores en la ubicación de las cámaras es clave para que el sistema cumpla su función real: prevenir, detectar y registrar. La tranquilidad empieza por ver lo que antes no podías. Y eso depende, en gran parte, de dónde mires.