Las cámaras pueden estar encendidas, pero no grabando. Te mostramos señales clave, errores frecuentes y cómo verificar si tu sistema de vigilancia cumple su función.
Tener cámaras instaladas no siempre significa estar protegido. Muchas veces, el sistema da la impresión de estar activo, pero por detrás puede haber fallas invisibles: no graba, no detecta movimiento, no guarda los archivos o simplemente perdió conexión. Y lo peor: solo se descubre cuando ocurre un hecho y no hay registro útil.
Por eso es fundamental saber si las cámaras están funcionando correctamente. No basta con ver la luz encendida o la imagen en pantalla. Hay varios puntos a revisar periódicamente, incluso si contrataste una empresa profesional. Un sistema mal configurado o sin mantenimiento puede fallar justo cuando más lo necesitás.
Una de las primeras señales de alerta es el retardo en la imagen. Si al mirar desde el celular o el monitor notás que la imagen se congela, se pixela o llega con varios segundos de demora, algo está interfiriendo. Puede ser la red, el grabador, la fuente de alimentación o incluso la cámara misma.
Otra señal es la falta de grabaciones recientes. Si al revisar el historial notás huecos, días sin archivo o videos incompletos, el sistema no está cumpliendo su función. Esto puede pasar si el disco está lleno, mal configurado o si el sistema no está grabando en modo continuo o por detección de movimiento.
Chequeos básicos para asegurarte de que todo funcione
El primer paso es ingresar al sistema y revisar el estado de grabación. Verificá si las cámaras están activas, si graban en tiempo real y si el calendario de grabación coincide con los horarios en los que querés cobertura. Muchos sistemas permiten definir días y franjas horarias: un error en esta configuración puede dejarte sin registro sin saberlo.
También es clave revisar la conexión de red. Si tus cámaras son IP o se acceden por app móvil, un corte de Wi-Fi o un conflicto de IP puede desconectarlas sin avisarte. Algunos grabadores muestran un icono o alerta cuando una cámara se cae; otros no. Por eso, conviene simular un ingreso al sistema como si fueras un usuario remoto y comprobar que todo esté visible y accesible.
No olvides comprobar la visión nocturna. Durante el día todo puede parecer correcto, pero muchas fallas se detectan de noche: falta de iluminación, reflejos, infrarrojos quemados o filtros sucios. Hacé una prueba de noche y asegurate de que la imagen sea nítida y útil.
Por último, revisá que las alertas (notificaciones push, correos, sonidos) estén activadas si las usás. Una cámara que graba pero no avisa pierde su capacidad de disuasión inmediata. Y una que avisa constantemente por falsos positivos puede llevarte a ignorarlas cuando realmente pasa algo.
Un sistema que no se revisa, se debilita con el tiempo
Como cualquier tecnología, las cámaras necesitan mantenimiento. Cada 3 a 6 meses deberías hacer un chequeo completo: actualizar software, limpiar lentes, reiniciar dispositivos, revisar conexiones y comprobar que las grabaciones se guardan correctamente. No es algo que requiera conocimientos técnicos profundos, pero sí atención y constancia.
Si notás que una cámara falla seguido, se apaga o pierde calidad, no la subestimes. Un solo punto ciego puede comprometer todo el sistema. Muchas veces el problema es simple: un cable flojo, una fuente inestable, un disco viejo. Pero si no se detecta a tiempo, la falla se vuelve crítica.
Un sistema de seguridad es tan confiable como su mantenimiento. No esperes a revisar tus cámaras después de un robo o un incidente. Hacelo ahora. Porque cuando la seguridad falla, ya es tarde para volver atrás.