Antes de comprar o instalar cámaras, hay factores clave que pueden marcar la diferencia. Te contamos qué analizar para evitar errores y proteger tu casa de forma real.
La decisión de instalar cámaras de seguridad suele venir después de un susto: un robo cercano, un movimiento sospechoso o simplemente la sensación de vulnerabilidad. Pero no todo se resuelve comprando un kit y colocándolo en cualquier rincón. Para que el sistema realmente funcione, hay que pensar antes de actuar.
Lo primero que muchos pasan por alto es el objetivo real de las cámaras. ¿Querés disuadir, registrar, alertar o todo eso junto? No es lo mismo instalar una cámara visible para espantar a posibles intrusos que colocar una oculta para registrar movimientos internos. Cada objetivo requiere una estrategia distinta.
Después viene el análisis del entorno. No todas las casas son iguales, y no hay una cantidad de cámaras “universal”. ¿Tenés muchos accesos? ¿Patio? ¿Jardín delantero? ¿Estacionamiento abierto? Cada uno de esos puntos puede requerir un tipo de cámara diferente: fija, giratoria, con visión nocturna, con detección de movimiento, etc.
Otro aspecto clave es la conectividad. Si vas a usar cámaras IP o con acceso desde el celular, tu red Wi-Fi debe ser estable y con buen alcance. Una señal débil puede dejarte sin imagen cuando más la necesitás. En algunos casos conviene reforzar con repetidores o elegir modelos con conexión por cable.
Planificación, ubicación y energía: los tres pilares
Antes de perforar una pared, hay que planificar. Definir qué zonas querés cubrir y con qué tipo de cámara es el paso más importante. Muchos usuarios instalan primero y descubren después que no están viendo lo que esperaban.
La ubicación también debe considerar la altura y el ángulo. Una cámara muy alta puede perder detalle; una muy baja puede ser fácilmente manipulada. Lo ideal suele ser entre 2,5 y 3 metros del suelo, con ángulo levemente inclinado hacia abajo.
El acceso a energía es otro factor subestimado. Si la cámara depende de un enchufe compartido o de una extensión mal conectada, puede haber cortes, interferencias o reinicios inesperados. Siempre que sea posible, destiná una toma exclusiva para cada cámara y asegurate de que tenga protección contra sobretensiones.
Si estás evaluando grabar en un dispositivo (como un DVR o NVR), necesitás un disco duro que soporte grabaciones continuas. No cualquier disco funciona: deben estar diseñados para videovigilancia. Y si preferís grabar en la nube, verificá que el servicio sea seguro, encriptado y con espacio suficiente.
Privacidad, normativa y mantenimiento: detalles que importan
No todo vale al instalar cámaras. Apuntar directamente a la calle o a la propiedad del vecino puede traerte problemas legales. Las cámaras deben enfocarse solo a tu propiedad o a zonas de uso propio. Si tenés dudas, consultá las normativas locales o pedí asesoramiento profesional.
También es útil pensar en el mantenimiento. Aunque muchas cámaras prometen ser “todo en uno”, siguen siendo dispositivos electrónicos expuestos al clima, polvo, humedad o desgaste. Un sistema bien instalado pero sin mantenimiento pierde calidad con el tiempo. Limpiar lentes, actualizar software y revisar conexiones cada cierto tiempo evita sorpresas.
Y por último: si no sabés cómo empezar, no improvises. Un instalador profesional puede ayudarte a definir cuántas cámaras necesitás, dónde ubicarlas, qué tecnología conviene según tu casa y cómo integrarlas con alarmas o sensores. Es una inversión que vale más por lo que evita que por lo que cuesta.